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¿Qué representa Cordiox, la máquina que actualmente elaboras para la Bienal de Venecia?

Una síntesis de mi carrera y la de mis colaboradores. Es un instru­mento de cuerdas, acero, ebanistería y cristal de cuarzo fundido. La máquina, de factura a la vez sencilla y compleja, tendrá siete toneladas de tensión en cada una de las tres arpas que la confor­marán, que responden a dos principios complementarios más no antagónicos en los que 180 cuerdas devendrán el principio generador, mientras un cilindro de cuarzo fundido operará como principio receptor. El puente de madera contendrá un cristal cilíndrico de cuarzo de una particularidad extrema. Éste forma el principio receptor resonante. Llevado a una escala gigantesca, el cuerpo de cuarzo generará un sonido sin precedentes. La exalta­ción del principio de las cuerdas a un máximo de sus capacidades, sumada a la receptividad del cuarzo, creará, como en el ying-yang taoísta, un diálogo entre dos fuerzas que se retroalimentan.

 

¿Es acertado describir Cordiox como un instrumento de tra­ducción de un entorno que, a su vez, pide ser interpretado?

Yo diría que expresa algo muy cercano a la física de las cosas. Es un crisol en el que fuentes caóticas pueden transformarse en un goteo decantado de notas cristalinas y armónicas que se depuran a través de la triada formada por la entropía, la creación armónica de las cuerdas y la receptividad del cristal. Los símbolos que representan al instrumento, labrados en fierro en la base del pedestal, se tradu­cen como “Ubicación-Sol”, “Eco y cristal” y “Luz armónica”.

 

Hace tiempo tuve un sueño muy lúcido acerca del instru­mento. Comencé a trazarlo y, con la ayuda de mis colaboradores, transporté su diseño a un detallado inventario de 700 piezas mecánicas de metal cortadas por empresas especializadas. A la par, construí una estructura ligera de madera que sostiene tone­ladas de tensión de cuerdas en equilibrio y asegura la levitación del cuarzo a través de articulaciones similares a los huesos del oído, dentro de una especie de enorme tímpano que comunica la vibración de las cuerdas con el cuarzo. Es un instrumento muy diferente del resto de los que he construido. Todos esos elementos son sencillos y bellos en tanto obedecen a su naturaleza.

 

El instrumento nacerá en una capilla del siglo VI, en cuyo interior Luigi Nono estrenó Prometeo en los ochen­ta. Con ayuda de Renzo Piano, erigió un nuevo espacio acústico en el edificio.

Así es. La propuesta es volver a la física; el instrumento vuelve adonde no hay notación, aunque requiere de afinación por la relación geométrica pura entre sus cuerdas. En Cordiox todo es físico, no pasa por una trama larga de fenómenos seriales para ge­nerar un crisol de armónicos, como la Cámara Lambdoma. En sí, la cuerda misma los produce. Cordiox verá la luz en un lugar que tiene una relación muy particular con la historia de la música.

 

Tu propuesta va en contra de lo espectacular, de acuer­do con lo que las máquinas hacen actualmente. Tiene un componente nostálgico.

Siempre ha habido en mis instrumentos una naturaleza de diseño intrínseca a su funcionalidad, que refleja una visión romántica al subrayar el ánimo y la época a la que se remonta la clase de ener­gía que empleo. No es necesariamente nostálgica, habla más bien de una forma de pensamiento afín.

 

¿Podría entenderse como una protesta contra la si­tuación actual? En ediciones de la Bienal de Venecia como la de 2009 la participación de México fue abier­tamente crítica.

Es importante que las propuestas para las bienales pasadas hayan sido avaladas por expertos, y que haya habido expresiones con­testatarias. Más que una protesta, la mía es una contrapropuesta ética, y la ética tiene un contenido político. No debe olvidarse que hay otro tipo de esencias y de misterios en las cosas, que hay belleza y silencios en cada naturaleza. Hay discursos y piezas que hacen una denuncia explícita y son muy valiosas. Mis instrumentos también lo hacen, pero el con­tenido no está estructurado como una denuncia. Representan un rincón de sosiego, refugio y con­templación. Cordiox será un instrumento comple­tamente acústico que llenará de sutileza el espacio de una capilla con esas dimensiones. No necesita ser estridente, lo que no significa que no haya una postura ética y, por extensión, política.

 

¿Qué experiencia buscas ofrecer a los visitantes de Cordiox, en medio de la so­breoferta de la Bienal de Venecia? Al ele­gir tu pieza, Itala Schmelz habló de que devela lo que los seres humanos tienen en común.

Quiero que toquen la quietud, que tengan un momento genuino y propio de quietud, tan valioso en estos tiempos, pues para mí representa una cuestión de supervivencia. Me siento avasa­llado por todo lo que actualmente vivimos. Creo en la posibilidad de compartir, de crear silencio e introspección. Asimismo, de fomentar experien­cias individuales en las que no haya utilidad ni testigos. Me gusta la idea de que la sonoridad y la física del instrumento, transmitidas a través de su emotividad, impregnen el espacio, que no tengan que ver con el artista ni con una postura ante el resto de las propuestas. El aspecto científico de mis obras no pretende develar misterios sino más bien preservarlos. No obedece reglas, no comprue­ba ni estudia, simplemente expresa.

 

Los bulbos soviéticos de Cordiox posibili­tan la alquimia. Para ejemplificar la desa­cralización, Walter Benjamin comparó la acción de un chamán, ritual y mágica, con la de un cirujano, que aísla un síntoma y entra en el cuerpo. Tu máquina tiene el propósito de reencantar.

Los elementos de reencantamiento radican en la estructura molecular del instrumento. Es como la poética de la máquina eléctrica, surgida de visiones que pueden entenderse completamente desde la mística: Maxwell, Tesla, Faraday, Mar­coni. Se llega a un proceso mental que para mí es poético, si vislumbramos el fenómeno que per­mite a los electrones atravesar un tubo al vacío, chocar contra una pantalla de fósforo y emitir luz. En Cordiox habrá tres bulbos dispuestos en una estrella similar a la que forma el pedestal, que mostrarán la energía del cuarzo a través de los destellos de un color sublime. Efectivamente, hablo de una recuperación de la obra por medio de un reencantamiento sin intermediación de una computadora, sino desde su esencia, no como una cuestión meramente simbólica sino como un fenómeno físico. Me sorprende el modo en que esta cuestión física de las cosas encuentra las condiciones para expresarse y brotar. No es una interpretación de algo, es una interpretación de sí mismo. Tengo la sensación de que lo que exprese Cordiox me devolverá todo el entendimiento y el gozo que he inverti­do en 30 años de trabajo.

 

¿Es Cordiox también una síntesis de algu­na línea de investigación específica?

El antecedente de este instrumento es la Cáp­sula Nereida, a una escala menor. La naturaleza del instrumento, en otro sentido, preserva una filosofía existente también en la Cámara Lamb­doma. Tengo dos líneas de trabajo paralelas. Se puede hablar de la síntesis de ambas a partir de 1980, con el Espejo Plasmaht. Cordiox es una nieta de ese instrumento. En esa genealogía le seguirían el laúd y la Cápsula Nereida, así como dos piezas que se construyeron en para­lelo: Cordiox y la Nave Narcisa: un submarino tripulado, vital para mí, la condensación en su versión burda, tosca, de fierro. Está otra línea de trabajo, la del Resonador Espectral Armónico, el Subarmonio Canoide que surgió después y, finalmente, la Cámara Lambdoma, cuyo estudio tiene que ver más con el flujo y los elementos que con los seres vivos.

 

Habías hecho intervenciones en una iglesia de Nueva York, con el Espejo Plas­maht, y en el Cárcamo de Chapultepec, donde opera la Cámara Lambdoma. Cordiox registrará el trazo auditivo del recorrido, todo ocurrirá a través del oído y de la mi­rada en la iglesia de San Lorenzo. Existe una especie de recogimiento espiritual que permite la experiencia.

Lo que describes es el espacio, su historia y su naturaleza intrínsecos. Cordiox pretende ser una máquina sonora que describe emotivamen­te el espacio, tan importante en la historia de la música. No solamente se expone como un obje­to para ser apreciado en un escenario sino, más bien, describe ese escenario. Por medio de la resonancia remite a la memoria, al núcleo, a la noción de cosmos, al infinito. Es una evocación cósmica sin referentes culturales de por medio.

 

¿Cordiox busca generar cierta clase de conciencia colectiva?

Es una lectura posible del instrumento en el contexto de la exposición. Me interesa generar un cambio a través de experiencias individua­les. Cordiox es colectivo no en el sentido de la presencia masiva de gente, sino de las experien­cias sucesivas que se propagan. Sin embargo no es un espectáculo, pues entre más espectadores haya menor será la nitidez de la experiencia.

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