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La editorial Mangos de Hacha pondrá a circular Diarios de Cine (El nacimiento del nuevo cine norteamericano) de Jonas Mekas, coincidiendo con la exposición dedicada al realizador en el MUAC. Les presentamos un adelanto de este título –que se presentará el sábado en el museo universitario– en una versión de Verónica Fernández-Muro.

 

Fragmento número uno de mis propios “Diarios”:

8 de noviembre 1958

 

Soy un regionalista, eso es lo que soy. Pertenezco siempre a alguna parte. Se me deja caer en cualquier lugar, en un lugar de piedra, seco, apagado, sin vida, donde nadie quisiera vivir, –yo empiezo a vivir, absorbiéndolo todo, como una esponja. No existe para mí el internacionalismo abstracto. Tampoco cuento con el futuro: estoy aquí y ahora. ¿Se deberá esto al hecho de haber sido arrancado por la fuerza de mi hogar? ¿Es ésa la razón por la cual siempre siento la necesidad de un nuevo hogar, porque no pertenezco en realidad a ningún lugar, excepto a ése, a ese lugar que fue mi niñez y que se ha ido para siempre?

 

Aquel año, en el verano de 1958, decidí hacer un nuevo intento con mi vida. Mi primer paso fue operarme de las amígdalas… En alguna parte, en los jardines de la Civilización Occidental, en los campos de trabajos forzados, contraje un resfriado crónico, y me habían aconsejado operarme de las amígdalas, o si no… De modo que así lo hice. Al dejar atrás las puertas del hospital, todavía bajo los efectos de la anestesia, tomé mi segunda decisión con respecto a mi libertad: resolví dejar mi empleo en Graphic Studios, donde trabajaba cinco días a la semana. Tomé, en cambio, un empleo en Cooper Offset que me ocupaba dos horas al día, dieciocho horas a la semana, y me convertí en un hombre prácticamente libre, dispuesto a explorar aquello.

 

Me sentía libre como un pájaro. Casi tanto como hacía quince años, en 1944, después de terminar la Universidad: entonces, también, me sentía libre. Pensé que debía ser escritor y vivir de lo que escribía. Sentía la vida abrirse ante mí como una inmensa flor. Pero dos meses más tarde me encontré en los húmedos suburbios de Hamburgo, en un campo de trabajo forzado, con prisioneros italianos, franceses y rusos, esclavo del Tercer Reich. Me llevó otros quince años y muchos fragmentos de idiomas y países diferentes encontrarme en el 515 Este de la Calle 13 y declarar una vez más mi independencia.

 

Mi tercer paso fue ir a ver a Jerry Tallmer, en el Village Voice, y preguntarle por qué no había en su periódico una sección dedicada al cine. “¿Por qué no haces una?”, me contestó. Yo dije: “Muy bien. Mañana la tendrás.” Mi primera columna apareció el 12 de noviembre de 1958, y un inciso en el periódico anunciaba: “El ‘Diario de cine’ empieza esta semana en el Voice como sección regular.” Y eso fue todo. De lo que no me percaté en ese momento fue de que con esto me ponía, casi voluntariamente, en la misma situación que en 1944: me convertía en un esclavo del nuevo cine, laborando en sus campos de trabajos forzados, cavando sus trincheras.

 

Esta colección de Diarios de cine, este libro que tienen en las manos, representa, aproximadamente, un tercio de las columnas que hice para el Voice desde noviembre de 1958. Algunas de ellas están reproducidas en su totalidad, otras son sólo fragmentos. Aquí y allí he hecho pequeños cambios; he suprimido alguna palabra o he corregido la sintaxis. Estos cambios eran necesarios para a) devolver al estado original del manuscrito los errores cometidos por el impresor (los primeros números del Voice eran notorios por sus errores de imprenta) o b) pulir mi inglés en una que otra frase. La mayoría de las columnas o fragmentos de columnas que eliminé de esta colección estaban mal escritas o no tenían mayor interés o hablaban del cine-arte de Hollywood o europeo, que han sido discutidos mucho mejor que yo por otros escritores. Al preparar esta colección permanecí fiel a mi preocupación básica con este periodo, que era el del cine independiente y el del cine expandido, relacionado éste con el primero y que desde entonces se conoce como Nuevo cine americano y, en ocasiones, como cine underground.

 

Cuando empecé a escribir mi “Diario de cine”, el Nuevo cine americano estaba en sus principios. Cassavetes acababa de terminar Shadows (1959). Robert Frank y Alfred Leslie estaban filmando  Pull My Daisy (1959). El insecto del cine ya nos había mordido y el aire estaba cada vez más cargado de energía y esperanzas. Presentíamos que el cine sólo estaba empezando —¡con nosotros! De manera que, a pesar de que mi intención, era, en mis primeras columnas, convertirme en un “serio” crítico de cine y hablar “seriamente” de cine de Hollywood, descubrí muy pronto que mi distintivo de crítico no me era de mayor utilidad. Debía, en cambio, armarme de una espada y convertirme en un autodesignado ministro de defensa y propaganda del nuevo cine. Nadie tomaba en serio al nuevo realizador. El cine no-narrativo no era considerado como cine. Mis colegas lo ignoraban o lo atacaban. El mejor momento para matar algo es cuando es demasiado frágil para defenderse. Los que están dando a luz, ya sea vida u objetos de arte, son vulnerables en el momento del alumbramiento. Es por eso que los animales se esconden en los lugares más inaccesibles cuando dan a luz: intentan huir lo más lejos posible de los críticos de cine establecidos.

 

Como está reflejado en estas columnas, muy poco tiempo después de haber empezado mi “Diario” tuve que abandonar mi distintivo de crítico y convertirme, prácticamente, en una comadrona. Tenía que extraer, sostener, proteger todas las cosas bellas que estaban ocurriendo y que eran masacradas o ignoradas por mis colegas y por el público. De modo que corría alrededor de mis polluelos, como una gallina, cloqueando: “¡Miren, miren qué hermosos son mis polluelos, más hermosos que nadie, y todo el mundo dice que son patitos feos!” Dado que tenía que cloquear mucho, no podía permitirme desperdiciar ningún espacio escribiendo sobre cine comercial. Invité a Andrew Sarris, mi coeditor en la revista Film Culture, a que hiciera esa parte del trabajo. Nos dividimos el campo.

 

Mirando en retrospectiva a lo largo de mis doce años de reseñas en el Voice, me asombra ver cuán acertado es mi juicio crítico. No tengo nada que reprocharme, no tengo nada que corregir. Los maestros siguen y seguirán siendo maestros, y la historia seguirá siendo historia.

 

Segundo fragmento de mis propios “Diarios”:

 

23 de mayo de 1960

 

¿Por qué hago esto, por qué hago aquello? ¿Por qué escribo una columna en el Voice, por qué público Film Culture? ¿Por qué no simplemente hago películas?, me preguntan. ¿Por qué haces tantas cosas a la vez? ¡Tantas preguntas! Es como estar en un columpio: primero tengo que empujarlo y luego me columpio con él, y luego éste me columpia a mí, y entonces yo también estoy columpiando al columpio. ¿Dónde empieza el columpio y dónde termina, y qué es, en realidad, el columpio?

 

Tercer fragmento de mis propios “Diarios”:

 

25 de junio de 1962

 

Después de pensarlo durante toda la noche, he decidido dejar el Village Voice, terminar con mi intento periodístico y dedicarme a otras cosas. Está empezando a interferir con mi trabajo.

 

Fui hoy al Voice con esta idea. Pero lo primero que oí al entrar fue: “Jerry Tallmer ya no está. Se ha ido al ‘Post’”.

 

Pensé que había en esto un pequeño aviso del destino. Fui yo quien pasó una noche sin dormir, intentando llegar a una decisión; fui yo quien decidí marcharme, pero de algún modo los números de los dados se confundieron y Jerry se marchó en mi lugar. Había en ello una extraña ironía. De manera que pensé que sería mejor quedarme por algún tiempo. Hoy no podía dejar el Voice. No dije nada y me fui a casa.

 

Cuarto fragmento de mis propios “Diarios”:

 

2 de marzo de 1964

 

Ésta es una nota de despedida:

 

He estado pensando en renunciar a mi “Diario de cine” desde hace algún tiempo. Pero siempre encuentro alguna excusa para no hacerlo.

 

Las excusas se me han acabado.

 

He construido y alimentado en mis columnas a una extraña criatura. A veces no sé si es real o imaginaria.

 

No hay duda de que puedo ser útil a los realizadores independientes. Soy un fanático y puedo hacer muchas cosas por ellos. Pero es mi fanatismo lo que también está en peligro. Tengo una tendencia a imponer mis propios sueños y visiones a los demás. Algunas de mis observaciones y fantasías han sido aumentadas desproporcionadamente y se han convertido en directivas que atraen a los demás a su órbita. Me he convertido en una fuerza, en un dirigente, hasta en un santo…

 

Ya es tiempo de acabar con las fuerzas, con las órbitas y con los santos.

 

Aun el arte puede esclavizar al hombre, quitarle la libertad. Hoy presiento que sólo es sagrado el arte que no tiene ideas, que no tiene pensamientos, significados, contenido, el arte que es, simplemente, hermoso, que no tiene otro propósito que el de su belleza; que sencillamente es, como los árboles.

 

El cine underground no conseguirá nada a través del éxito con el público. La popularidad disminuye la belleza.

 

Estoy cansado de la fuerza, de la acción.

 

Para un hombre resulta muy fácil —estoy hablando de mí mismo por supuesto— comenzar a sentir que es necesario e importante.

 

Pero lo que yo busco es la falta de importancia.

 

Mi argumento para continuar con la columna del Voice era el siguiente:

 

¿No debería yo ser, simplemente, un humilde servidor de los realizadores y cumplir con mi obligación, hacer algún bien a los seres humanos que me rodean? ¿Me estás diciendo que tu libertad es más importante que servir ala humanidad? ¿No eres como el que abandona el mundo y se va a los Himalaya a ocuparse de sí mismo? Es el egoísmo lo que te guía, y no el sentido de la libertad.

 

¡Es tan fácil pensar que lo que estoy haciendo es necesario!

 

En realidad, nada es necesario.

 

Incluyendo esta columna.

 

Escribí esto el 2 de marzo de 1964. Pero a la semana siguiente redacté otra reseña para el Voice. ¿Por qué creen ustedes que lo hice? ¡Ah, no seré yo el que lo diga! Para saberlo, tendrán que leer mis propios Diarios, donde lo explico todo… Pero si están lo suficientemente interesados, queridos lectores, encontrarán la respuesta en esta colección de mis Diarios de cine.

 

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  1. De un “Diario de cine” | La Tempestad - Miércoles, 20 de Febrero del 2013

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