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Identidad cultural en libros


La Redacción

04 de Octubre de 2013

Ciudad de México, 4 de octubre.- El próximo 12 de octubre el MUAC abrirá la exposición Vórtice de Marcela Armas, para la cual la creadora mexicana montó una maquila de pequeña escala para transformar libros de texto gratuitos en bloques sólidos que fueron cortados en forma de engranes. Armas indaga en los mecanismos de construcción de identidad cultural y producción de subjetividad que efectúa el Estado por medio de la educación pública, tomando como punto de partida el decreto presidencial, emitido en el 2004, donde todas las entidades federales están obligadas a donar papel usado en los procesos burocráticos para crear libros de texto gratuitos. Vórtice es curada por Alejandra Labastida y Cecilia Delgado, es el cuarto y último proyecto de la serie de exposiciones Por amor a la disidencia. Aquí un trailer de la muestra, esta estará abierta hasta el 2 de febrero de 2014.

 

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DESTACADOS

Benoît Pioulard

por Christian Mendoza

03 de Agosto de 2015

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El estadounidense Thomas Meluch trabaja bajo el pseudónimo de Benoît Pioulard. El músico ha logrado tomar al sonido como el medio y el fin. Ya sea a través de las herramientas de producción que utiliza o de las motivaciones que dan estructura a sus discos a veces pop, a veces completamente instrumentales, el trabajo de Meluch plantea distintas posibilidades para trabajar al sonido como materia. Sonnet es su más reciente placa discográfica. Publicada este año con el sello Kranky, es una adición renovada al trabajo de este músico.

 

¿Qué consideraciones tienes sobre la relación entre las tecnologías utilizadas para producir música y el llamado lo-fi?
Comencé a grabar en una cinta cuando era muy joven, y ese método se volvió normal para mí. En el 2004 adopté programas digitales para hacer los arreglos y las mezclas de mis canciones, pero aún baso mucho de lo que hago en la grabación análoga. La limpieza de lo digital da una identidad falsa. Siempre he sentido que debería haber algún tipo de artefacto analógico como evidencia de humanidad, para que el sonido sea más completo.

 

¿Qué opinas sobre el uso de herramientas que no son tomadas como instrumentos, como cintas y grabaciones de campo?
El sonido de la naturaleza y de la vida diaria, ciertamente, es música, tanto como lo que se puede escribir en una guitarra o un piano: unir exitosamente sonidos naturales con aquellos que están construidos, eso es algo que me interesa mucho. Siempre intento poner atención al mundo que me rodea, cazando sonidos para utilizarlos en un contexto distinto.

 

En tu trabajo, ¿qué rol juegan géneros como el paisaje sonoro o el noise?
Ambos términos pueden aplicarse a distintos trabajos que he hecho. Creo que valoro más la música cuando puede evocar una imagen o un paisaje, o si puede dar una suerte de soundtrack a una experiencia. Esa clase de música, por lo general, se describe como paisaje sonoro, pero una elegante dosis de noise siempre debe ser aplicada.

 

En Sonnet, te alejaste del tratamiento digital. ¿Fue una metodología premeditada o algo que fuiste desarrollando conforme grababas el disco?
Hay un flujo natural en el proceso de producir un disco. Te enganchas en una técnica por un tiempo y luego la dejas ir para intentar algo más. Depende mucho de la energía y de la inspiración con la que trabajas. En el caso de este disco quise ser tan crudo como fuera posible, por lo que evité tanto como fuera procesos que he usado en el pasado, manteniendo los efectos que sólo surgieran de mis pedales de guitarra. Cuando estoy grabando y mezclando, tiendo a obsesionarme un poco con los detalles, y revisando estas canciones, no hay nada que considere que debí haber cambiado, lo cual, considero, es algo muy bueno.

 

Electrónica experimental

por Carlos Rodríguez y Christian Mendoza

31 de Julio de 2015

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«La música electrónica experimental se nutre de diferentes técnicas, de diferentes recursos de creación sonora; lo que la caracteriza es la búsqueda de nuevas sonoridades a partir de posibilidades electrónicas que proporciona la tecnología. Es difícil hacer una afirmación, aunque se puede sugerir que tiene que ver con perseguir un código distinto de escucha. Por ejemplo, persigue una búsqueda en términos de timbre, de ritmo (a veces rompe con la idea de un beat continuo), crea atmósferas, hay una superposición de capas, aunque también hay quienes exploran lo minimalista», opina Tito Rivas, subdirector de programación artística de la Fonoteca Nacional, quien considera que es difícil categorizar, «aunque no inútil, ya que ayuda a hacer registros».

 

Es difícil definir un panorama de lo que ocurre en México. Sin embargo, recurrimos a varios expertos vinculados directamente a ese campo, con el fin de esbozar un panorama de las virtudes y las deficiencias en la escena.

 

«Desde sus inicios la música electrónica ha estado ligada a la experimentación. Lo experimental ha tenido que ver con los circuitos, con intervenir, generar y crear instrumentos propios, también con el diálogo entre lo analógico y lo digital, con la intervención, la generación, la modulación y la oscilación de sonido a partir de aparatos analógicos que después pueden ser intervenidos digitalmente mediante la programación con software libre», apunta Rivas.

 

«Hoy existen innumerables marcas, modelos, procesadores, softwares, instrumentos, etc., estamos inundados de posibilidades de sonidos. También existen medios “alternativos” que surgen de la experimentación. En mi caso, la experimentación tiene que ver con componer personalidades con el sonido; utilizo instrumentos electrónicos, acústicos, de viento y grabaciones en caset. Cada instrumento tiene una personalidad, la unión entre éstos y la alteración con pedales de efecto termina creando un registro complejo donde puedo crear paisajes sonoros, sensaciones y sentimientos», dice Diego Cornejo, creador del proyecto Un rêve, que se presentará en la próxima edición del Mutek.

 

«Actualmente hay muchos términos dentro de la música electrónica, tantos que no sería capaz de enumerarlos. Lo que sí se puede afirmar es que la música electroacústica es una derivación de la electrónica experimental», asegura Antonio Fernández Ros, cuyo trabajo con la electrónica ha sido influido por la palabra hablada, en particular las lenguas indígenas de México.

 

Uno de los antecedentes de la electrónica experimental es Étude aux chemins de fer (1948), de Pierre Schaeffer, que acuñó el término de música concreta: manipuló el registro del sonido de un tren hasta convertirlo en una pieza musical. «Escuchar sin ver la fuente de sonido, la escucha a ciegas en la que no hay nada que ver y todo que oír, la acusmática, es otra derivación. El diálogo entre la generación de sonidos con medios electrónicos y la instrumentalización más tradicional, también conocido como electroacústica, es otra posibilidad», opina Rivas.

 

Es México hay una escena muy viva, sobre todo si consideramos todas las vertientes. Javier Álvarez en la electroacústica, Francisco López en el paisaje sonoro, las experimentaciones en vocalización de Rogelio Sosa o Juan Pablo Villa, así como la obra de Israel Martínez. «En México el panorama va desde el tecno experimental hasta el circuit bending, pasando por muchas otras categorías. Es mucha la gente que ahora se dedica a la música electrónica», asegura Fernández Ros, que considera a Raúl Pavón, Héctor Quintanar y Antonio Russek como algunos de los pioneros en México.

 

«Si se piensa en hace diez o quince años, existía una escena, aunque de otra forma. Si a algo le hemos perdido el miedo en México es al arte contemporáneo. Antes la necesidad de compilar la información sobre la música electrónica experimental era escasa, tal vez porque la demanda era muy poca. La diferencia es que ahora hay mucha gente interesada», opina Mario de Vega, que no se considera músico, aunque trabaja en el campo de la experimentación sonora. Un complemento a sus palabras es la reciente aparición en México de la Antología de la música electrónica y del arte del ruido (Independent Recordings / Conaculta, 2015), que sintetiza la monumental serie en siete partes publicada por el sello Sub Rosa: An Anthology of Noise & Electronic Music.

 

«Los resultados de un trabajo pueden verse en conciertos con dispositivos que he desarrollado con cierta particularidad. Otras ocasiones termina en objetos que pueden ser desde un disco que sirve como documento, una acción, un segmento de cierto material, en realidad varía mucho. La música no tiene la posibilidad de ser una reliquia con un valor económico en el mundo del arte, a diferencia de las artes visuales», considera De Vega. «Lo más importante es tener una postura crítica en lo que sucede, eso rara vez se ve en el terreno de la música electrónica experimental, que siempre termina en un espectáculo. Lo que tenemos que cuestionar es para qué generar esos espectáculos, para quiénes están dirigidos, cuál es la reflexión que está detrás. En un principio mi interés era generar conflictos, estrategias que confrontaran. En los últimos años el discurso ha madurado: intento desestabilizar. El sonido es una herramienta para imponer fuerza. Se pueden bloquear otros sentidos, pero no el oído. Es imposible escapar de él, es un diálogo directo con el otro».

 

Finalmente, Rivas, Fernández Ros, Cornejo y De Vega consideran de suma importancia los festivales que programan este tipo de manifestaciones. Mutek, Aural y Transitio son algunos de los encuentros que dan visibilidad y legitiman la escena de la electrónica experimental en México. «El resultado esperado es que estos eventos generen posiciones críticas que cuestionen desde el ámbito histórico por qué y para qué se hacen estas prácticas», sintetiza De Vega.

 

 

Ficción y vida

por Lilián López Camberos

31 de Julio de 2015

KSTEWINTER

Todavía se proyecta en un par de cines de Buenos Aires la última película del escritor y director francés Olivier Assayas, traducida, en Argentina, como El otro lado del éxito, y en México, donde se exhibió hace unos meses, como Las nubes de María (del original Clouds of Sils Maria, de 2014). Dividida en dos actos y un epílogo, a la manera de las representaciones teatrales, la cinta inicia con una especie de “prólogo en un tren”: en un trayecto por los Alpes suizos, Valentine (Kristen Stewart) sortea en dos teléfonos los asuntos –personales y laborales– de la actriz Maria Enders (Juliette Binoche), de quien es asistente personal. Camino a aceptar un premio en honor del director Wilhem Melchoir, quien veinte años atrás le dio su primera oportunidad actoral y a la larga se convirtió en su mentor y amigo, Maria es informada por Valentine, casi bruscamente, que Wilhelm acaba de morir. La situación, planteada sin dilaciones, establece un pacto de complicidad y un campo de referencias comunes con el espectador: Enders es un trasunto evidente de Binoche (su prestigio, su talento, su belleza) y Melchoir, más veladamente, del cineasta Rainer Werner Fassbinder, retratados aquí en las bambalinas de lo más chic de la industria, entre artistas alemanes, marcas francesas, fotógrafos estelares, hoteles y automóviles lujosísimos: un mundo que no conocemos pero que sabemos que existe.

 

El juego de espejos se vuelve más complejo mediante el tópico de la “obra dentro de una obra”: la pieza teatral –después película– que Enders protagonizó en su juventud, Maloja snake, y que es aludida, citada e interpretada continuamente por los personajes de Clouds of Sils Maria. En dicha obra, una mujer mayor, Helena, cae presa del influjo sexual y destructivo de una mujer más joven, Sigrid. El conflicto inicia cuando Klaus Diesterweg, exquisito y reputado director teatral, ofrece a Enders interpretar a Helena en una nueva escenificación, un papel que sólo puede pertenecerle a ella, pues ambos personajes “son una y la misma”.

 

(Un dato más: Assayas coescribió, hace treinta años, la película que cimentó la fama de Binoche, a saber, la semierótica y extraña Rendez-vous, o Apasionados en español, en la que ella interpreta a una joven mujer recién llegada a París cuyo único valor de cambio es su cuerpo).

 

El segundo acto se centra en la estancia de Maria y Valentine en el chalet de Sils Maria donde Wilhelm vivía con su esposa Rosa (la impresionante Angela Winkler). Allí, Maria ensaya parlamentos con Valentine (ambas transitan de un personaje a otro, borrando fronteras entre obras) y se entera a cuentagotas de la vida de Jo-Ann Ellis (Chloë Grace Moretz), la polémica joven actriz que interpretará a Sigrid, protagonista habitual de la prensa de chismes y con experiencia teatral a pesar de sus papeles hollywoodenses.

 

La cinta de Assayas explora varias ideas interesantes. En primer término, el recorte que pretende mostrar la “realidad en estado puro”, que borra las diferencias entre vida y arte, o que permite que la representación, en tanto interpretación, sea más verdadera que la vida. Assayas coquetea con planteamientos conocidos de Walter Benjamin y Guy Debord, de quienes se ha asumido lector: la representación en la sociedad del espectáculo; el aura de la representación teatral que, al fragmentarse en cine, pierde su unicidad. Se centra, por eso, en uno de los aspectos más interesantes de la industria: la intensidad del oficio actoral. Todo arte implica una dimensión material, todo arte remite a la corporalidad, pero quizá en ninguno es tan evidente como en la actuación, donde el cuerpo se habita, se cede (o se secuestra). Otros temas: la relación del artista con su público, con la recepción y circulación de su obra, y entre quien ejecuta un arte y quien lo interpreta. De hecho, la interpretación de una obra y las subjetividades con que se le encara son una noción recurrente: “el texto es un objeto, cambiará la perspectiva según dónde estés parada”, dice Valentine a Maria, frustrada con un personaje que considera patético, en una obra que le parece cada vez más una mera fantasía masculina.

 

De paso, se lanzan varios dardos certeros: a Google, a la industria fílmica chatarra, a la actuación “frente a pantallas verdes”, a lo insensibles que suelen ser los periodistas de espectáculos, a la intimidad expropiada por Internet, entre otras alusiones divertidas (cuando Valentine habla de Jo-Ann parece comentar, al dedillo, a Kristen Stewart).

 

Uno de los mayores méritos de Assayas, aquel que permite muchas lecturas posibles, es la ambigua relación que se teje entre Valentine (brutalmente sincera y al mismo tiempo enigmática, una actuación por la que Stewart recibió el prestigioso premio César) y Maria Enders (insegura, talentosa, llena de supersticiones), en la que hay amistad e intimidad, pero también desacuerdos intelectuales y, más llanamente, un convenio patrona-empleada. En Sils Maria, Rosa explica a Maria que la serpiente de Maloja es una misteriosa formación de nubes que repta sobre el valle suizo desde los lagos italianos, presagio de mal tiempo; después, miran el fenómeno retratadado, en blanco y negro, en un cortometraje de un siglo de antigüedad (del director alemán Arnold Fanck). El paisaje y la naturaleza verdadera se revelan en las imágenes, dice Rosa, y Assayas insiste con la idea, transformando los imponentes paisajes suizos en tomas semiestáticas de transición entre una escena y otra, para reinterpretar los encuadres de Fanck, a todo color y en 35 mm, en el momento en que la serpiente –su misterio– irrumpe en el punto crítico en que el artista se reconcilia con el tiempo y con su arte.

 

 

MANUEL SOLANO

por Christian Mendoza

30 de Julio de 2015

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En la galería Karen Huber fue inaugurada la muestra Inherent Vice del artista mexicano Manuel Solano. Curada por Octavio Avendaño, la muestra es una serie de pinturas hechas cuando Solano perdió la vista. Solano tiene una formación en la pintura: ¿cómo se alteran la técnica y los soportes cuando se tiene una discapacidad?

 

¿Cuál es el peso que tiene la técnica pictórica en tu práctica artística?
La verdad, mi forma de ver la pintura y mi forma de pintar cambiaron enormemente después de ver un video de una clase de pintura impartida por David Hoyle, The Divine David, en Internet. Y obviamente, la forma en la que pinto cambió mucho desde que perdí la vista. Siempre me ha importado el aspecto visual de mis piezas, pero creo que desde que vi ese vídeo, y  más desde que soy ciego, mis piezas tienen valor para mí también por ser pinturas, por el acto, en sí, de pintor.

 

En tu obra existen reflexiones en torno a la pintura y a la imagen de los medios masivos. ¿Piensas que hay relación entre la pintura y la imagen masificada?
Definitivamente. Pero creo que la pintura existe por su propio derecho: una pintura es una pintura. Se puede prestar a reproducción masiva, pero la pieza sigue siendo la pintura.

 

¿Cuáles procesos utilizaste para producir tu última exhibición?
Todas las pinturas de la exposición son acrílicos sobre papel. Casi todas las empecé y terminé en una sola sesión.

 

Ceguera y pintura: ¿crees que una condición física pueda cambiar la forma de hacer y ver pintura
Obvio: antes de estar ciego, era uno de los mejores pintores que conozco. Ahora, no estoy tan seguro.

 

RAQUEL FERNÁNDEZ

por Christian Mendoza

29 de Julio de 2015

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Sexto Piso ha publicado una versión ilustrada de El jugador, novela breve de Dostoievski. Raquel Fernández, ilustradora española que firma como Efealcuadrado, fue quien agregó imágenes al clásico ruso. Los alcances de la ilustración como un oficio comercial con potenciales resultados estéticos y las formas formas de trabajar con un libro son algunos de los aspectos sobre los que la ilustradora reflexiona.

 

¿Consideras que tus ilustraciones son obras sueltas o un proyecto en conjunto?
Siempre que el proyecto necesite más de una ilustración pienso en conjunto, la idea tiene el papel protagonista. Dependiendo del proyecto trabajo de una manera más o menos individual. Por ejemplo las ilustraciones de un álbum infantil tienen un hilo de continuidad más pronunciado, posee un recorrido visual desde el principio al final aunque igualmente “la idea” en global se busque desde el principio, tiene que ser una única cosa, un bloque. Para Dostoievski, sin embargo, he reflexionado el concepto en conjunto como un uno permitiéndome la licencia de no perseguir ese hilo de lectura de imagen a imagen.

 

¿De qué manera comienzas a trabajar en un proyecto? ¿Cuál es tu punto de partida?
Mi punto de partida es siempre un lápiz y un papel. Anoto, estudio el proyecto y busco la idea global, lo que quiero decir, escribir lo que me viene en el momento y por qué. Dedico mucho tiempo a esto. A veces me gusta jugar en el límite donde la imagen se abre (sin llegar a perderse), donde cada par de ojos interpreta algo más y se lo lleva a sus vivencias, me parece genial que “mi concepto” se transforme en “su concepto” y crezca.

 

¿Cuál consideras que sea el lugar comercial y el artístico de la ilustración?
Las palabras comercial y artístico no siempre van de la mano. Tampoco encajaría la ilustración en ningún lugar concreto, que las puertas sigan abiertas.

 

El proyecto de ilustrar El jugador: ¿de qué manera abordaste un título canónico?
Tengo que admitir que me imponía, incluso durante unos días estuve paralizado, pero nunca pensé como debería ilustrar un libro clásico. Es tan humano y decadente que dejarse llevar fue la mejor opción, intentar sacar esa intensidad y echarle horas, de hecho, si no fuera por los tiempos igual aún seguía desechando ymodificando.

 

¿Consideras que la ilustración sea más propia de un género literario específico, dígase, el infantil?
Para nada, no creo que se deba etiquetar la ilustración como algo infantil, se trata de decir algo con imágenes, de comunicar, obviamente condiciona la manera de contar dependiendo de a que público va dirigido pero no lo veo para un género específico.

 

Panos H. Koutras

por Carlos Rodríguez

29 de Julio de 2015

PANOSXKOUTRAS

Xenia, de Panos H. Koutras, se estrenó en el Festival de Cine de Cannes 2014, en el marco de la sección Una Cierta Mirada. El filme, que tuvo una buena recepción por parte de la crítica, es sobre los hermanos que viven en Grecia y cuya madre, de origen albanés, muere. Para poder ser considerados griegos legítimos deben buscar a su padre, del que tienen pocos recuerdos. Xenia es una película sobre el desplazamiento, la pertenencia, la identidad y la protección que otorga un Estado. Koutras habló con La Tempestad sobre su película y la crisis que mantiene cercado al país heleno.

 

¿Cómo surgió la idea de hacer Xenia? ¿Qué te interesó de la historia de los dos hermanos?

Sentí la necesidad de hablar sobre mi adolescencia ahora que estoy en la mediana edad. Mis años como adolescente se encuentran entre los más intensos de mi vida. Al mismo tiempo quise hacer frente al tema de los niños apátridas, especialmente en Grecia, donde el derecho de nacimiento, el ius sanguinis o derecho de sangre, prevalece por encima del ius soli o derecho de suelo. Con la aparición de la extrema derecha en Grecia, y en términos generales en Europa, esta situación ha alcanzado proporciones dramáticas. Quise contar la historia de amor entre dos hermanos. Tanto la hermandad de sangre como la espiritual, algo de suma importancia en mi vida, especialmente como hombre gay.

 

Xenia es una alegoría del fin de la ilusión, algo que vemos a través del personaje de Danny.  ¿Hay una lectura de la película que tome en cuenta la situación actual de Grecia?

Danny es un chico que se niega a crecer. Es extremadamente inteligente, así que construye una realidad paralela de la que escapa cada vez que lo cree conveniente. En el filme, por supuesto, hay un punto en el que se da cuenta de que esa conducta afecta negativamente a quienes están a su alrededor. Entonces tiene que crecer. Crecer es doloroso y para ello tendrá que tomar decisiones difíciles. Pero es un joven valiente y lo logrará. Probablemente Grecia tiene que crecer también. Tal vez los demás países también, el mundo entero, si me lo preguntas.

 

¿Hay alguna búsqueda que vincule Strella, tu película previa, con Xenia?

Creo que sí. Tanto en Strella como Xenia los personajes están en búsqueda de una respuesta que les de calma y les haga más fácil la vida en una sociedad hostil y problemática. La respuesta, en ambos casos, está ligada a su pasado. Así que hacen un viaje para conseguirla. Al mismo tiempo logran establecer relaciones amorosas y amistosas. Lo importante para ellos es no estar solos, porque quieren compartir su vida con otras personas.

 

«Entre los grandes testimonios del pensamiento de una época se encuentran las obras de arte», señala el filósofo Alain Badiou. ¿De qué forma los artistas encaran lo que ocurre en Grecia?

Las películas, el hacer cine, es definitivamente mi manera de observar al mundo, mi forma de vivir, de sobrevivir. Soy uno de esos cineastas que hace películas por amor al cine. Soy todavía un amante del cine. Me encanta ver películas. Creo que me gusta más verlas que hacerlas. Algunas películas son obras de arte. Como cineasta prefiero trabajar como artesano: una buena película puede acercarte al arte.

 

Por el momento las cosas están difíciles en Grecia. Los cineastas no se salvan. Para hacer películas se requiere dinero y Grecia es un país en crisis financiera. Sin embargo, al mismo tiempo hay mucha gente joven que se las arregla para hacer películas grandiosas con recursos mínimos. Creo que eso es fantástico, son muy valientes. Espero que la gente, no sólo los cineastas o quien pertenece al mundo del arte, no pare de hacer cosas hasta que la situación mejore. Ahora mismo es una sensación terrible. Grecia enfrenta su tercera bancarrota en cinco años. Otra vez hay un aumento de la depresión en el pueblo griego.

 

Hay un gran momento en Xenia, aquel en el que suena “Rumore” de Raffaella Carrà. En el cine reciente se escucha a Carrà, por ejemplo en una de las mejores secuencias de La gran belleza, de Paolo Sorrentino. ¿Qué papel tiene la música en tus películas?, ¿de qué forma eliges las canciones?

Siempre escucho música. Desde la mañana hasta la noche. Cuando escribo un guion suenan canciones. Usualmente elijo la música para una película mientras la estoy escribiendo. Esto pasó con Xenia. Una de mis mayores inspiraciones para la película fue la música italiana de los setenta, que era la que yo escuchaba cuando era niño. Es la música preferida de Danny y Odiseas, por herencia de su madre. Raffaella Carrà fue una de las grandes estrellas de la canción italiana, como Patty Pravo y Mina, entre otras. Fue un gran período de la música italiana. En Italia se les considera divas. Yo las adoro.

 

¿Existe alguna afinidad entre tu trabajo y el de Pedro Almodóvar o Xavier Dolan?

Creo que sí. Definitivamente pertenecemos a la misma cultura, la cultura queer. La noción de lo queer es muy importante para mí. Me enorgullece que la gente se refiera a mis películas como cine queer. Yo pertenezco a esta cultura. Como joven estudiante hice mi tesis sobre Douglas Sirk y Vincente Minnelli. Dos de los directores que, por ejemplo, gustan a Almodóvar. De igual forma, siempre me ha interesado el cine de Andy Warhol y el movimiento underground de Estados Unidos. Estoy seguro de que Xavier Dolan tiene estos referentes. La cultura queer es una parte importante de los estudios culturales, no podemos desestimarla.

 




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