04/04/2025
Papel de necios
Lonchería México
Jorge Pedro Uribe Llamas nos habla de caguamas, jerez, rocola, enmoladas en un nuevo recorrido por la Ciudad de México.
Uno de Madrid peinado como su rey anterior. El zapatero ticuleño instruyéndonos sobre la propia lengua natal, la vestimenta elegante o nada más sencilla. Un octogenario locuaz, según descendiente de algún serenísimo general y aun emparentado con el poeta Pellicer, es pianista y sus composiciones han sido interpretadas en el extranjero. Un joven que apenas el otro día se enteró de haber nacido en Teziutlán: vaya manera de embestir con la mirada a la vez que se sustrae de la plática, chance y por dedicarse al dibujo (no de manera profesional). Caguamas, jerez, rocola, enmoladas. Y una garrafa de pulque que da la impresión de ser aportada por los clientes a esta lonchería que en verdad funciona como cantina. Se fuma, como en otros tiempos. Nos hallamos frente a la antigua Plaza de Juan Carbonero, vecina del mercado 2 de Abril, de los más longevos. Un gato nos vigila y reclama de silla en silla. La mayoría de pie, somos poquitos. Al alcance de la vista, junto al predio que ocupó el Salón México se yergue un perro en la azotea, de piedra, igual que el del observatorio de Tacubaya. Hace calor, se hace de noche, que se nos hace que ya no traemos dinero. Se habla bastante:
–Qué calor, como que esta esquina parece Cádiz, ¿conoces?
–No entiendo en realidad qué es eso de las industrias creativas.
–Si ponemos a Leo Dan voy a tener que abrazarte.
–Jorge Legorreta llegó a escribir de La Herradura, aquí a unos pasos, qué lástima que la hayan cerrado, era una buena cantina.
–El alma de las personas no cambia nunca, uno es el mismo toda la vida. Cuando conozco a alguien me gusta imaginármelo cómo habrá sido de niño.
–¿Mahler cursi? Esa sí era música…
–Me encanta esta parte de la Guerrero.
Al salir evocamos una oscura sentencia de Mariano Azuela, de los cuentos tempranos: «Algunos sonríen con las madres, los hermanos, los amigos; ¡ah!, pero esa sonrisa destroza el alma, mata, es el relámpago de la tempestad del alma«. Se refiere el jalisciense a lo contemplado en el patio de una penitenciaría un domingo del que ya nadie puede acordarse. Nosotros sí, o eso pensamos. Vicariamente. Borrachamente.
Jueves 29 de marzo de 2018