16 de agosto de 2017

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02/04/2025

Literatura

Nórdica, un caso excepcional

En esta conversación Diego Moreno explica las motivaciones centrales que lo llevaron a fundar en Madrid, en 2006, Nórdica Libros

Carlos Priego  | lunes, 20 de febrero de 2023

Almacén de Nórdica Libros, en Madrid. Fotografía: Revista Explora

Si fuera una persona, Nórdica Libros sería un individuo trabajador, constante, y al mismo tiempo hedonista. Este conjunto de características se materializa en un proyecto en el que hay mucho trabajo detrás y también la vocación de que los libros sean un disfrute sensorial”, me dice Diego Moreno, fundador del sello español, para quien una editorial es la imagen de su editor.

Siempre que me encuentro con Moreno me regala uno o dos libros. Los leo con placer porque, como alguien que no ha olvidado el oficio de librero, posee una intuición poco frecuente: conoce los gustos de sus lectores mejor que los propios lectores. En el catálogo de Nórdica hay libros y autores que me apasionan, como las versiones ilustradas de Ariel, de Sylvia Plath, o Preferiría ser amada, de Emily Dickinson –los ilustrados para adultos son un interés central de la editorial–, pero incluso aquellos con los que simpatizo menos me generan preguntas, me salpican de curiosidad.

“La mayor aportación de una editorial es permitir que los lectores de una lengua puedan acceder a textos que de otra manera no conocerían.”

Semanas atrás, en un intercambio de correos, pregunté a Diego Moreno (Madrid, 1976) cuál considera el aspecto más importante de una editorial. Sin pensarlo mucho, me dio una respuesta: “La mayor aportación de una editorial es permitir que los lectores de una lengua puedan acceder a textos que de otra manera no conocerían –imagina lo difícil que es el japonés, el islandés o el finés–, y para mí es muy importante también aportar una nueva forma de ver los libros. Los libros no se leen siempre igual y el editor decide cómo se leen –a través del diseño, las imágenes, el formato… todo esto es importante”.

Nórdica Libros

Diego Moreno, editor de Nórdica Libros. Fotografía: Luis de las Alas

Llenar vacíos

El catálogo de Nórdica Libros refleja una visión del mundo comprometida. “Mi intención es que cuando alguien tenga en sus manos un libro nuestro, sea de la colección que sea, note que es algo especial, un libro muy cuidado”, me cuenta el editor mientras retira metódicamente la fajilla de un ejemplar de Ali Smith, importante autora contemporánea de quien este año llegará a México una nueva novela. “Me interesa mucho lo que cuentan, y cómo lo cuentan, escritoras y escritores de todo el mundo. Smith es lo mejor de lo mejor: genial en su aportación literaria y tremendamente activa social y políticamente. Su aportación a la cuestión de género en Chica conoce chico es realmente necesaria”.

En un catálogo en el que coexisten Ursula K. Le Guin, Stephen King y Marcel Proust, ¿cómo articular la diversidad? “Las colecciones han ido surgiendo con los años y con la necesidad de crear nuevos espacios en la editorial. Los lectores las entienden de múltiples maneras: hay los que solo leen narrativa, ya sea nórdica o internacional; otros solo compran ilustrados o cómic; y luego están mis favoritos, los que se acercan a cada una de las colecciones en función de lo que quieren leer en ese momento y no discriminan, ya que pueden leer novela, ilustrados, poesía o ensayo con naturalidad”. Antes del final de nuestro encuentro, reparo en la cantidad de títulos, autores y temas que emergieron durante la conversación.

“Nórdica surge para llenar un vacío enorme que había en la literatura no policiaca de los países nórdicos. Hace 17 años eran muy pocos los escritores nórdicos presentes en las librerías.”

Se tiene la impresión de que Nórdica Libros busca remediar ausencias; existe la preocupación de llenar algunos huecos del mercado del libro en español. “Nórdica surge”, cuenta Diego Moreno, “para llenar un vacío enorme que había en la literatura no policiaca de los países nórdicos. Hace 17 años eran muy pocos los escritores nórdicos presentes en las librerías –Jostein Gaarder, Henning Mankell y poco más– y los clásicos como Hamsun, Ibsen o Strindberg estaban en traducciones que no eran directas, en realidad muy malas y, en ocasiones, como en el teatro de Ibsen, censuradas. Nosotros trajimos a Tomas Tranströmer o Kjell Askildsen, además de autores jóvenes muy potentes, todo en traducciones directas”.

De escasa inclinación a la fama, al fundador de Nórdica lo distingue el sentido del humor y un gusto contagioso por los libros. Moreno encuentra un ejemplar de La bendición de la tierra, de Knut Hamsun, y me dice: “Quizá este es uno de los títulos más representativos de la editorial”.

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